16 de enero de 2012

Friso de la puerta de Velázquez del Museo del Prado

Fernando VII es el rey menos apreciado de la historia de España y no sin razón. En este caso su mujer, Isabel de Braganza mejoró su imagen auspiciando la creación del Museo del Prado y donando las pinturas y obras de arte que entonces eran   propiedad de los reyes,  al Estado Español. Se puede decir también por tanto,  aunque sea un silogismo falso, que pésimos hombres, en ocasiones, son mejorados por sus grandes mujeres.

Este friso es una alegoría de exaltación a este nefasto rey si bien, en justicia debiera haber sido a su mujer, obra del gran escultor de aquél tiempo Ramón Barba, donde las artes , la técnica y las ciencias se rinden ante el rey, todas ellas representadas por bellas mujeres acompañadas y ayudadas por niños gordotes y alegres. Pero no falta la muerte o el tiempo, de espaldas al monarca, vieja, enjuta y de calva avanzada, de barba rizada, con su guadaña, su reloj de arena y su pie sobre la rueda de la vida que puede detener a su antojo. El rey, sentado en su trono, con su sombrero de plumas, su manto  de arminio pesado por sus bordados de oro, su espada, sus pies regios bien descansandos , con el león del poder sonriente a sus pies, y detrás de él, los dioses  mitológicos, no el católico, Atenea, Apolo y Mercurio, jóvenes y apuestos, y por último, Neptuno, viejo y escuálido, con barbas y melena rizada, aposentado sobre un gran calamar o pulpo, y un gran pez dentado y feo.

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