2 de septiembre de 2013

Puesto de relojes antiguos en el Rastro

De contar los días por los amaneceres y los años por las primaveras, se pasó a contar las horas con el reloj de sol, los días que había sol, o con el reloj de arena; después se pasó al reloj mecánico de cuerda, con miles de diseños, como el cursi de cuco. Según su ubicación se denominaron, de pared, de bolsillo, éste con tapa o tapas y cadena, de mesa o de consola; y el maldito despertador que es de los que se averían más. Hubo reyes como Carlos IV, amantes de los relojes que fueron a la vez coleccionistas y relojeros, y dicen que dedicaron más tiempo a los relojes que al gobierno; después se pasó al de muñeca, al subacuático, al reloj de oro, al reloj de oro y brillantes  y ahora al reloj de en todas partes, lógicos y analógicos, en el coche, por las calles; levantas la cabeza y ves relojes en todas los lugares con la hora exacta; en los autobuses,  por los altavoces, te dicen la hora  que es  aunque no quieras saberla, y en tu casa, además de los móviles y los ordenadores, todos los electrodomésticos tienen la hora. Ahora ya no es necesario comprarse un reloj a no ser, claro,  que te gusten las antigüedades o/y coleccionar relojes; entonces pásate por este puesto. El tiempo sigue siendo oro si bien el tic-tac se ha perdido  .

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